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Desde 1980, tradición, sabor y cariño familiar dan vida a La rostissería
La Pollería que nunca se rindió
En el Prat de Llobregat, en el corazón del barrio, allá por 1980, abrió sus puertas la entrañable Rostisseria Madrigal. Don Pepe y Doña María, con su inigualable receta secreta de adobo, dieron vida a un pequeño rincón donde el aroma a pollo asado recorría las calles y despertaba el apetito de todo aquel que pasaba cerca. Muy pronto, Rostisseria Madrigal se convirtió en un punto de encuentro: familias, vecinos y amigos se reunían no solo para llevarse un buen pollo, sino para compartir un momento de cercanía y tradición.
Pero el tiempo, sabio e inevitable, trajo consigo el momento de la jubilación. En el año 2004, Don Pepe y Doña María decidieron traspasar el negocio, confiando en que quien tomara el relevo valorara el legado construido durante décadas.
Así fue como los nuevos propietarios, la familia Sierra, llegaron para continuar la historia. Esteban Sierra y su mujer Marisol mantuvieron intacta la esencia del lugar, dándole un nuevo nombre: Rostisseria Sierra. Con promociones irresistibles, una atención cercana y un ambiente renovado, la pollería no solo conservó su prestigio, sino que siguió siendo un establecimiento de referencia en el barrio.
Hoy, en 2024, una nueva generación ha tomado las riendas del negocio. Xavi y Taty, un matrimonio humilde, trabajador y profundamente apasionado por la gastronomía, ha decidido imprimir un giro moderno sin perder el alma que siempre ha distinguido a la rostisseria. Además de los tradicionales pollos asados —preparados con la receta original de 1980, transmitida fielmente de generación en generación— ahora ofrecen una amplia variedad de platos caseros pensados para satisfacer los gustos de una clientela cada vez más diversa.
A pesar de los cambios, del paso del tiempo y de las nuevas tendencias, Rostisseria Sierra sigue siendo ese lugar donde se reúnen las familias, los vecinos y los amigos. Un espacio donde la tradición se encuentra con la innovación, donde cada comida cuenta una historia y cada visita deja un recuerdo.
Y así, entre aromas familiares y nuevos sabores, la historia de esta pollería continúa escribiéndose, capítulo a capítulo, con el auténtico sabor del pollo asado y el cariño de quienes mantienen viva su esencia.
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